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Ene/Feb 2015


Congresos

Congreso Tecnológico CREA 2014

(Parte 2)

Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
 

Tecnologías para un nuevo salto productivo

Bajo el lema “Tecnologías para un nuevo salto productivo”, el evento de los grupos CREA pretende posicionarse como un espacio de reflexión para analizar los desafíos que la producción agropecuaria deberá enfrentar en los próximos años y el rol que el país tendrá como proveedor mundial de alimentos, en un marco de uso adecuado de los recursos naturales y considerando las demandas ambientales de la sociedad.
Cada región contó con su propia agenda, en la que se trataron temas de importancia local. Las temáticas regionales se dividirán en tres módulos denominados: Tecnologías del ambiente, Tecnologías para la producción y Tecnologías de gestión y de organización. Los asistentes podrán ver en vivo la agenda local, pero también tendrán la posibilidad de visualizar, en salas paralelas, on line, las presentaciones que se desarrollarán en otras sedes.
En 2014, la comunicación del encuentro se realizó en plataformas digitales en forma previa, simultánea y posterior al evento. Además, se desarrollarán charlas TED (tecnología, entretenimiento y diseño), difundidas en todo el mundo y reconocidas por permitir la interactividad con el público presente.


El valor de lo impredecible

La sociedad contemporánea, con una población global de más de 7000 millones de personas, está íntimamente ligada al modo de producción dependiente de agroquímicos, sobre todo herbicidas y fertilizantes. Una hipotética reversión completa a un modo de producción prescindente de agroquímicos reduciría la capacidad de carga del planeta a unos 3000 ó 4000 millones; esta proposición es claramente inaceptable. La tecnología es inevitable y en algunos aspectos direccional: sólo se puede ir hacia delante”.
Así lo indicó hoy el líder del grupo de ecofisiología de cultivos del South Australian Research & Development Institute, Víctor Sadras, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se está desarrollando en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
Un sistema de producción es sustentable cuando es rentable y satisface las expectativas sociales, ambientales y asegura la calidad sanitaria de la producción. Las cuatro condiciones están estrechamente relacionadas y el sistema es vulnerable cuando una o más fallan.
“Las 300.000 víctimas de la adulteración de leche con melanina en China en 2008 ilustran un caso reciente donde un flanco débil en el cuadrilátero de la sustentabilidad afecta la integridad del sistema. A partir de este evento, la leche importada en China deja de ser de un artículo de lujo de las clases medias ascendentes y se convierte en una necesidad básica. Este evento consolidó el papel dominante de Nueva Zelanda como exportador de lácteos y rescató a los tambos en Australia, donde la escasa rentabilidad amenaza la sustentabilidad en el mediano plazo”, explicó Sadras.
La tecnología es inevitable como resultado de la curiosidad humana, de la ambición legítima de aspirar a vivir mejor y de la necesidad de modificar el ambiente para lograrlo.
“Sin embargo, tecnologías imperfectas solucionan un problema y ocasionalmente generan otros. A veces se da mayor peso a los problemas que son intrínsecos a una tecnología o resultan de su implementación deficiente: por ejemplo, el nitrógeno que termina en la napa freática en lugar de terminar en el grano de trigo”, comentó el investigador.
“Sesgos en la evaluación de costos y beneficios pueden llevar a posiciones extremas que son inviables debido al entramado de tecnología y sociedad”, añadió.
El método de la historia sirve para explicar el origen de una tecnología, pero no para predecir las tecnologías del futuro por tres razones: la complejidad del entramado de factores, los elementos fortuitos y las pre-adaptaciones.
“Un grano de maíz es una estructura perfecta para almacenar almidón y proteína, y por esta funcionalidad fue la base de las grandes civilizaciones originales de América. La reserva de almidón confiere al maíz su función original como alimento y una pre-adaptación tecnológica: el bioetanol.
Este tipo de pre-adaptaciones hace que la trayectoria de la economía y de la biosfera, donde opera la agricultura, sean impredecibles en el largo plazo”•, indicó Sadras.
Las pre-adaptaciones no son evidentes a priori y contribuyen a la impredictibilidad de la economía, la biosfera, la tecnología y, como resultado, de la agricultura. “Ante esta impredictibilidad a mediano-largo plazo, la sustentabilidad de los sistemas de producción depende de la capacidad para capturar las oportunidades en los períodos favorables y construir una base financiera y técnica sólida para sobrellevar los accidentes y las malas épocas”, concluyó.


¿Cómo evitar que las soluciones de hoy sean los problemas de mañana?

Nadie duda de las bondades de un stent en un enfermo cardíaco con deficiencias funcionales. Pero hoy la medicina busca ser preventiva: el objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas para evitar la aparición de enfermedades cardíacas.
“Pero el matrimonio entre ciencia y tecnología es incipiente en agricultura. El esfuerzo que hacemos y la atención que prestamos para comprender la naturaleza y dinámica de los problemas que derivan de nuestro modelo agrícola, fuertemente tecnológico, son escasos. Particularmente si lo comparamos con el que ponemos sobre aquellas tecnologías apropiables”.
Así lo indicó Emilio Satorre, profesor titular de la Cátedra de Cerealicultura en la Facultad de Agronomía de la UBA, investigador del Conicet y coordinador académico de la Unidad de Investigación y Desarrollo de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA desarrollado en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
“Tal vez por eso cedemos a la tentación de las soluciones tecnológicas, buscando respuestas simples a los grandes problemas que hoy quitan el sueño a productores y asesores. Fortalecer ese matrimonio en nuestro análisis y abordaje de las tecnologías en sin duda un forma de anticiparnos a nuevos problemas”, añadió.
Satorre explicó que entender el origen de los problemas es un primer paso para poder abordar soluciones duraderas, efectivas y eficientes. Las externalidades (o consecuencias negativas) pueden ser minimizadas al comprender parte de la intrincada red de interacciones que controlan los procesos productivos.
Las tecnologías de protección de cultivos, sustentadas en el uso de insecticidas y herbicidas, y en transformaciones del germoplasma de los cultivos, contribuyeron a incrementar la producción.
La aparición de cultivos tolerantes a glifosato permitió el control simple y eficaz de un amplio número de malezas difundidas en las distintas regiones productivas. Durante un tiempo el uso de herbicidas se redujo. Pero con la expansión del cultivo y la tecnología aparecieron las malezas resistentes a dicho herbicida. El uso continuado de una tecnología efectiva, aplicada uniformemente en grandes extensiones, generó nuevos problemas.
“Actualmente hemos aumentado el número de aplicaciones de herbicidas en los cultivos de soja, con productos de mayor residualidad, con lo que hemos extendido el período de controles en el barbecho y el cultivo; estamos así nuevamente expandiendo una tecnología de impacto equivalente y construyendo el camino hacia un nuevo problema”, pronosticó el investigador.
“Sin dudas, hay algo que debemos cambiar. Tal vez sea el momento de evaluar el concepto de manejo integrado de plagas o malezas en la realidad; de darle al concepto una oportunidad en los hechos”, añadió.
Los herbicidas aparecieron inicialmente como una herramienta para erradicar las malezas. Pero la realidad dejó obsoleta esa idea en pocos años porque el concepto de erradicación se había forjado con desconocimiento de la organización, dinámica y capacidad de adaptación de las comunidades y poblaciones de malezas.
“Como en aquel entonces, hoy también nos movemos en un escenario dónde hay muchas opciones tecnológicas que en muchos casos desarrollan conceptos o ideas con muy escasa información. El enfoque tecnológico de la actividad rápidamente se orienta a la solución de un problema”, comentó Satorre.
“Debemos pensar las tecnologías del agro como herramientas para manejar procesos; tendríamos que esperar contar con una caja de herramientas antes que con una pinza multifuncional. La simplicidad resulta un atractivo tremendo, pero los sistemas productivos tienen dinámicas complejas”, explicó Satorre.
“Las tecnologías no son buenas o malas por sí mismas: su uso puede ser bueno o malo, adecuado o indebido, aportando aspectos positivos o generando consecuencias negativas sobre el ambiente o las personas. Para evitar que las tecnologías de hoy sean un problema mañana, debemos trabajar mucho sobre la capacitación, promoviendo transparencia en la información y el análisis crítico e independiente de las opciones tecnológicas”, argumentó.


Conocer más para decidir mejor

“Regular actividades agropecuarias sin conocer la dinámica de los sistemas en ambientes con características diversas puede dar lugar a errores. La discusión racional y con conocimiento contribuye a prevenir discusiones emocionales que pueden derivar en una dictadura de masas urbanas sobre las comunidades rurales y las cadenas de producción ligadas a las mismas”.
Así lo indicó Gabriel Vázquez Amabile, coordinador del Proyecto Ambiente de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se desarrolló en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
“Tal vez, más que hablar de sostenibilidad, deberemos pensar en términos de los beneficios y costos de las nuevas tecnologías para resolver los problemas que más nos preocupan y saber que siempre habrá una tecnología o estrategia nueva que solucionará un problema y podrá generar otros nuevos”, explicó el investigador.
El arado de madera de los sumerios no tiene gran diferencia con el arado de los farmers americanos de 1860. En ambos casos, y durante 7860 años , la agricultura fue una actividad caracterizada por el uso del animal como medio de tracción, constituyendo un oficio transmitido de padres a hijos por generaciones. Se trataba de una actividad carente de escala, sin incorporación de tecnología y que mayormente utilizaba sus propios recursos (semilla, animales de tiro, etcétera).
“En esta agricultura milenaria, el único impacto sobre el ecosistema lo constituían la erosión del suelo y la degradación por laboreo continuo. Durante este período, esta situación era resuelta mediante el abandono de tierras agotadas, o dejándolas descansar periódicamente para ser reutilizadas meses o años después. Aquí la naturaleza hacia su trabajo y, si no lo podía resolver por llegar a un grado de degradación irreversible, la humanidad contaba con suficiente territorio para mudarse a tierras más fértiles”, comentó Vázquez Amabile.
Los efectos perjudiciales de la nueva agricultura comenzaron. “Esta preocupación por el cuidado del suelo, como único impacto de la agricultura sobre el ambiente, fue materia de estudio por décadas en Argentina y dio impulso a la adopción de la siembra directa, que cubre hoy casi la totalidad de las hectáreas cultivadas del país”, recordó el investigador.
Esa revolución tecnológica dio por tierra con un paradigma de casi 8000 años, el cual sostenía que era impensable sembrar sin laborear el suelo. La adopción de la siembra directa minimizó la erosión (logrando niveles inferiores a los límites críticos admitidos de pérdida de suelo) y permitió recuperar suelos degradados y evitar la degradación de nuevas tierras de cultivo.
“El sistema de siembra directa volvió a cambiar la agricultura, demandando menor energía fósil, pero utilizando más fertilizantes y agroquímicos para el control de malezas. La incorporación de biotecnología ha ido también disminuyendo el uso de insecticidas y la incorporación de otras tecnologías y conocimiento ha hecho más eficiente el uso de los recursos agua, radiación y suelo”, comentó el investigador.
A partir de 2009 el Movimiento CREA decidió enfocarse en el estudio de tales cuestiones al crear el “Proyecto Ambiente”, el cual lleva realizados muchísimos trabajos, entre los cuales se incluyen el seguimiento de las propiedades edáficas en tierras de desmonte del NOA, NEA y Chaco Santiagueño (aspecto en el cual se está trabajando en la validación de un modelo de dinámica del carbono con un investigador del USDA); análisis de indicadores que permiten comparar diferentes escenarios de cultivos y rotaciones no sólo por margen económico, sino también por balance y eficiencia energética por hectárea y tonelada a de grano, emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs), balance de nutrientes, aporte de carbono total, grado toxicidad promedio de los agroquímicos utilizados, etcétera; evaluación de riesgo de contaminación de napas y cursos de agua con INTA Castelar y el CREA Henderson Daireaux
“En el área de GEIs realizamos un trabajo para el PNUMA de evaluación de tecnologías que permitan mitigar las emisiones en agricultura y ganadería, cuyos resultados están publicados en las páginas del MINCyT y de PNUMA. También realizamos un estudio de las emisiones de la cadena de la carne bovina en Argentina en conjunto con la UNTREF para el Minagri y actualmente estamos realizando el inventario de Gases de la República Argentina para Agricultura, Ganadería y Cambio de uso del Suelo y Forestación de 2010 a 2012 junto con la Fundación Torcuado Di Tella y un técnicos de la Universidad de La Plata”, comentó Vázquez Amabile.
“Todas estas actividades tienen en común la voluntad de aprender y sobre todo de generar información donde vemos que es necesaria y hacerlo siempre en conjunto con investigadores e instituciones que saben mucho más que nosotros”, concluyó.


La demanda mundial de alimentos es imparable

“El año pasado, la India comenzó a implementar un programa de distribución alimenticia para las personas más pobres. Eso significó movilizar nada menos que 60 millones de toneladas de granos”.
Con ese dato inició su charla Marcos Fava Neves, profesor adjunto internacional de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Pablo, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se desarrolló en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
“En India, el panorama es muy distinto al de China, donde cada familia tiene un hijo. La India está repleta de niños por doquier, lo que habla de su fuerte crecimiento demográfico”, explicó. Y brindó otro dato: en la India se inaugura un Mc Donald´s cada 15 días.
Para Fava Neves lo que ocurre en ese país es sólo un indicador de la prosperidad futura que tendrán las ventas de alimentos a nivel mundial. “También cumplen un rol importante los biocombustibles y los productos derivados de granos: ahora tenemos plásticos hechos con caña de azúcar y con maíz”, señaló.
¿Quiénes serán los ganadores en este nuevo escenario? Indudablemente, manifestó el orador, triunfarán aquellos países que estén manejando mejor sus recursos productivos. “Recientemente visité Perú y me llamó la atención. La economía crece en un marco de inclusión sustentable de personas”, indicó.
“Veo indicios muy positivos en los distintos países. Aacrea, en la Argentina, es un espectacular ejemplo de creación colectiva. En Colombia, los productores de café han creado una cadena de tiendas, que hoy está compitiendo en el mundo con Starbucks”.
“Por supuesto que hay y habrá riesgos. Hay riesgos políticos, económicos y socioculturales. Reapareció en Medio Oriente el terror islámico. El mundo no será simple. Pero las proyecciones de la OCDE para los próximos años muestran un panorama muy alentador para países agroexportadores como Brasil y la Argentina”.
Este desarrollo podría encontrar un cuello de botella en la mano de obra calificada. “Debemos mejorar la educación para que eso no ocurra”, concluyó Fava Neves.


La capacidad de aprender: factor de competitividad

“Los problemas, cuando se perpetúan en el tiempo, afectan la competitividad de las empresas. Y malezas es un tema que está afectando a la competitividad de las empresas. Eso quiere decir que, quien lo resuelva antes, va a tener una ventaja competitiva contra quien no lo haga”.
Así lo indicó Fernando García Frugoni, coordinador del Proyecto Malezas de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se desarrolló en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
“Resolverlo puede ser solucionarlo o convivir de una manera eficiente con el problema, pero, en definitiva, ponerse por delante de él. Y una forma de abordar esos problemas de frontera es a través de una mirada sistémica”, aseguró.
“Mucho de lo que hacemos está enfocado en cómo mato a las malezas y, lo que nos vendría bien, es salir de ese planteo para poder ver de qué manera ese ´cómo la mato´ está afectando mi sistema de producción: cómo se sinergizan o qué antagonismos tienen los productos, cómo impacta la degradación de los mismos, la materia orgánica, el ph, la temperatura o la lluvia”, explicó García Frugoni.
El técnico señaló que es necesario implementar una mirada de largo plazo que involucre un análisis sistémico de las diferentes variables que integran los sistemas de producción agrícolas.
“¿Cuál es el mejor vínculo que debería tener con los dueños de la tierra para cuidar la tierra? Esta es una pregunta que no podemos dejar de hacernos al analizar a producción con una mirada sistémica. No hacerlo implica que, en algún momento, podemos comenzar a perder competitividad”, explicó. García Frugoni señaló que no es viable esperar soluciones mágicas provenientes del exterior para solucionar problemas productivos.
“Si hay alguien está esperando un nuevo producto de tanto impacto como en su momento tuvo el glifosato, debe saber que eso no va a pasar por un buen tiempo. Ahí es donde la capacidad de aprendizaje pasa a ser clave”, comentó.
“El problema de las malezas resistentes al glifosato, por ejemplo, está evolucionando muy rápido y nuestra capacidad de aprendizaje no tanto. Entonces, tenemos que aumentar la velocidad de aprendizaje para ponernos por delante del problema. Y el desafío no es sólo aprender como individuos, sino construir conocimiento en las instituciones y con ellas, que lo que yo descubra, otro lo pueda tomar y construir sobre él”, añadió.


Sustentabilidad en el NOA

“En la región del NOA se utilizan masivamente planteos de siembra directa, pero los mismos están muy lejos de cumplir con las rotaciones de cultivos necesarias”.
Así lo indicó Rodolfo C. Gil, investigador del Instituto de Suelos del INTA y director académico del “Programa Sistema-Chacras” Convenio INTA-Aapresid, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se desarrolló en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea.
El investigador señaló que en el NOA se requiere una mayor incorporación de especies con una relación carbono/nitrógeno (C/N) amplia, tales como el maíz, el sorgo o las pasturas megatérmicas (como el Gatton panic o el Panicum maximum), cuyos materiales se descomponen más lentamente.
“Una agricultura reduccionista basada en el monocultivo de soja, con los niveles actuales de rendimiento, no alcanza para sostener en producción esos ambientes tan frágiles, por más siembra directa que se practique, incluso aunque esporádicamente se rote con algún maíz”, advirtió Gil.
Una agricultura “sustentable” parte del hombre y su ambiente como eje de atención primario, tratando de evitar la modificación de dicho ambiente; por lo tanto, lo ideal sería adaptar las tecnologías, junto con la planta, a cada ambiente en particular, de manera tal que sea éste último el que exprese su potencial de producción con el mínimo disturbio.
“Provocar el mínimo disturbio implica ser muy eficiente en el uso de los recursos naturales y eso requiere hacer una agricultura basada en el secuestro del carbono para sostener el balance de la Materia Orgánica en el suelo, con una superficie del suelo protegida con vegetación viva o muerta, sin erosión ni salinización, con nutrición balanceada a través de la reposición y reciclado de nutrientes, no contaminante y protectora de la biodiversidad”, explicó el técnico del INTA.
Diversos estudios realizados en la zona muestran un proceso de densificación con niveles superiores a 1,50 y 1,60 toneladas/m3, al cabo de diez años, en suelos de textura media-fina y gruesa respectivamente. El rango del estado prístino (monte) se ubica entre 1,10 y 1,25 toneladas/m3. “Eso significa una caída de la porosidad total del 55% al 40% y de la macroporosidad o porosidad de aireación a valores inferiores al 10%, que comprometen seriamente la infiltración y efectividad de las lluvias por reducción en la tasa de infiltración desde valores superiores a 150 mm/hora en el suelo de monte a menos de 20 mm/h en suelos agrícolas con manejos inadecuados”, alertó Gil.Las pérdidas de agua por evaporación directa en suelos con poca cobertura constituye la principal causa de la baja eficiencia de los barbechos. “Se trata de una paradoja porque, justamente, es una práctica que se aplica para juntar agua para el próximo cultivo”, indicó Gil.
“Estas pérdidas en el funcionamiento físico de los suelos constituye un costo oculto para el sistema de producción. Sin embargo, en muchos casos ya se están haciendo visibles y tangibles, y muchos productores agrícolas del NOA notan que es más difícil producir lo mismo que años atrás”, concluyó.


Desarrollo sostenible: el desafío

“El tema es ver cómo cumplimos con el desafío de realizar un desarrollo sostenible en las áreas económicas, social y ambiental. Sostenible implica que puede mantenerse en el tiempo, que puede vivirse en sociedad y tiene sentido para la comunidad”.
Así lo indicó Alejandro Blacker, presidente de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA .“La primera obligación es hacer competitivas a nuestras empresas para que puedan persistir y eso actualmente también implica cuidar los recursos naturales: debemos ser los primeros guardianes del ambiente”, explicó Blacker.
“La segunda obligación es salir de nuestra zona de confort y entender que la naturaleza tiene un poder de innovación muy superior al nuestro. Tenemos que buscar alternativas, para lo cual es necesario evitar el aislamiento, compartir y buscar soluciones”, añadió.
El presidente del Movimiento CREA dijo que la tercera cuestión es comprender que tenemos una gran posibilidad de incidir en las comunidades en las cuales se desarrollan nuestras empresas. “El desarrollo de nuestro potencial depende también de cuánto podemos sumar a la sociedad”.
“Aacrea es una institución que toma la vanguardia tecnológica como una elección; una institución que sirve para hacernos preguntas, que es lo que hacemos una vez por mes en las reuniones de cada uno de los grupos CREA. Las preguntas son las que nos llevan a la acción, a la búsqueda de la innovación en un ámbito colaborativo. Aacrea es una cooperativa de conocimiento donde aprendemos de nuestros aciertos pero aprendemos mucho más de nuestros errores”, aseguró.


El mejoramiento genético vegetal seguirá siendo el pilar de la productividad

“E En los próximos tres a cinco años la tecnología impactará en todas las aristas del proceso productivo, “comenzando por un conjunto de soluciones integradas entre la genética, la biotecnología y la microbiología”.
Así lo indicó Gustavo Martini, coordinador de la Comisión de Agricultura de Aacrea, durante una conferencia ofrecida en el Congreso Tecnológico CREA que se desarrolló en Mar del Plata, Rosario y Santiago del Estero de manera simultánea. “El mejoramiento genético vegetal seguirá siendo uno de los pilares de la productividad de los próximos años”, añadió.
Martini sostuvo que existen muchas tecnologías asociadas al proceso de mejoramiento genético, como el uso de marcadores moleculares, que hacen que “el foco y la eficiencia sea mejor y que la velocidad (de mejora) sea mayor”.
“La fuerte inversión realizada por semilleros en informática y en software permite procesar multiplicidad de datos que provienen de miles de parcelas distribuidas por toda Sudamérica. En un lustro se podrán observar aumentos de rendimientos superiores al uno por ciento anual”, vaticinó.
Con relación a la biotecnología, Martini postuló que seguirá aportando soluciones para proteger el rendimiento y que se asistirá a varios lanzamientos de eventos para control de plagas, enfermedades y malezas.
El especialista recordó que la microbiología tuvo una escalada muy grande en los últimos años y previó una gran oferta de productos con microorganismos, como inoculantes adaptados a modelos de producción en escala, tratamientos de semillas en plantas especializadas, inoculantes con bacterias y hongos que colaboran en la nutrición de las plantas, incorporación simultánea de inoculantes para generar una risósfera, donde la planta soporte mejor el estrés abiótico. A mediano plazo lo que viene es el biocontrol, formulaciones con microorganismos para poder controlar enfermedades o insectos.
En materia de “fierros”, lan maquinarian serán más precisas y veloces. “Hay una serie de desarrollos, desde dosificadores neumáticos, tubos de caídas que acompañan la semilla hasta el fondo del surco, control de profundidad de siembra con sensores que detectan el paso de la sembradora haciendo una lectura de ese paso y ajustan la presión actualmente por cuerpo y a futuro por modo de siembra, todo controlado por monitores de siembra integrales que pueden estar conectados a una aplicación específica, a un dispositivo móvil por el cual se podrá ver cómo está trabajando la sembradora”, graficó.
Las pulverizaciones se tornarán más precisas, permitiendo un uso eficiente de los fitosanitarios, lo que reducirá el impacto ambiental. “Ya es una realidad la posibilidad de aplicar herbicidas sólo donde hay malezas con pulverizadoras equipadas con sensores específicos que detectan y abren válvulas para efectuar la aplicación sólo donde es necesario”, sostuvo. Y consideró que en el mediano plazo será posible pulverizar con productos volcados en tanques diferentes de modo tal que se puedan inyectar distintos principios activos de acuerdo al tipo y cantidad de malezas.
Donde Martini no observa demasiados cambios es en los fitosanitarios. “La estrategia de las empresas químicas es integrar el control con la biotecnología y hacer nuevas formulaciones que combinarán mezclas para evitar la aparición de resistencias”, evaluó al tiempo que explicó que bajará el nivel toxicológico, al punto tal que los próximos lanzamientos serán todos de banda verde o azul.
Las nuevas tecnologías también mejorarán la eficiencia en el uso del agua y la facilidad operativa. La telemetría permitirá desde una computadora o teléfono celular encender la bomba, poner en marcha el motor, ajustar la lámina y detectar fallas. También recordó que hay mucho desarrollo en riego por goteo subterráneo con mayor opción para la agricultura intensiva y como complemento de la extensiva, “allí donde no entra un pivot o en los vértices de este sistema”.
También la poscosecha será alcanzada por los avances técnicos. Las actuales silobolsas de tres capas serán reemplazadas por otras pentacapas que favorecen los cuidados. “Protegen mejor los almacenados frente a situaciones climáticas adversas y mayor espacio para la ubicación de sensores hacen posible un monitoreo inmediato midiendo niveles de dióxido de carbono, incluso haciéndolo a distancia”, indicó. Por todo esto, “casa uno estos aportes biotecnológicos aportarán valor a la productividad”, concluyó.

Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Vista del auditorio
 
Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Víctor Sadras, Francisco Lugano y Emilio Satore -de izq. a der.-
 
Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Esteban Jobbagy y Gabriel Vázquez Amabile -de izq. a der.-
 
Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Geoff Graham y Horacio Vogelfang -de izq. a der.-
 
Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Julio Lieutier y M. Laura Salvador -de izq. a der.-
 
Revista PRODUCCION: Congreso Tecnológico CREA 2014
Ricardo Negri, Rodolfo Gil y Sergio Uhart -de izq. a dre.-
 

Portada de la Edición correspondiente a esta nota Esta nota fue publicada en las páginas Nº 28, 29, 30, 31, 32 y 33 de la edición en papel de la revista de Enero / Febrero 2015.
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