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 Agricultura
Regresar al Sumario Mayo (2017) / Junio 2017

soja: una campaña pasada por agua, pero con viento a favor

El total acumulado de lluvia en la presente campaña sojera en Tucumán fue de 780 milímetros, valor que representa un 4% más con respecto al valor promedio para toda la campaña, por lo que se puede concluir que favorecieron más de lo que pudieron dañar, atrasar la trilla o generar la aparición de enfermedades.

Revista PRODUCCION: soja: una campaña pasada por agua, pero con viento a favor
 
Revista PRODUCCION: soja: una campaña pasada por agua, pero con viento a favor
 
La cosecha de soja avanza lentamente en Tucumán y su área de influencia, debido a las lluvias que se dieron en entre marzo y abril y que humedecieron muchísimo los suelos, además de dañar significativamente la red de caminos rurales. Eso, sumado a los graves daños sufridos en el cultivo por anegamientos de lotes en el sur de la provincia, llevó a disminuir las perspectivas finales de producción y rendimientos en la presente campaña, donde se sembraron 203.430 hectáreas.
El Coordinador del Programa Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán, Mario Devani, al respecto, reconoció que tanto en Tucumán como a nivel nacional la trilla comenzó muy complicada debido a los anegamientos e inundaciones que se dieron en la mayoría de las zonas productoras de granos por las fuertes lluvias que azotaron a fines de marzo y mediados de abril. Sin embargo, rescató que a medida que hubo piso en los campos, los productores no perdieron tiempo para levantar la cosecha y avanzar con la campaña.
Por los diversos factores ambientales, la soja sembrada en fechas tempranas, con cultivares de ciclo corto, fu la más afectada; en algunos de estos casos, los daños fueron de magnitud significativa y afectaron los rendimientos.
Pero también los cultivares de grupos de madurez más largo sufrieron el efecto ambiental, aunque allí incidió sobre todo en su estructura, generando plantas de menor porte.
Para el técnico de la Eeaoc, los valores de rendimientos finales dependerán mucho si se trata de sojas de ciclo corto o de ciclo largo, y de cómo se comportaron las lluvias durante enero y febrero. Así, los de ciclo corto (sembrados durante la primera quincena de diciembre) alcanzaron valores promedios de entre 1.300 a 1.700 kg/ha; mientras que los ciclo largos de 3.000 a 3.300 kg/ha. “Los resultados que se obtuvieron en la trilla de lotes avanzados demuestra que, dentro de todo, es una campaña bastante buena a pesar de los inconvenientes que muchos productores tuvieron con la falta de lluvia en algún momento del cultivo, y un excesivo stress hídrico y térmico, con alguna afectación de plagas y enfermedades, y con abundantes lluvias que dificultaron la etapa final de maduración del cultivo”.
En marzo, las lluvias se concentraron al comienzo y al final del mes. Las más importantes se dieron durante los últimos 7 días en donde hubo un evento muy importante el día 25 de marzo donde precipitaron 115 milímetros de lluvia, ese valor no solo fue importante en cuanto al gran volumen de agua precipitada, sino también por la intensidad, ya que ese registro se acumuló en dos horas. El valor acumulado para todo el mes fue de 258,6 milímetros de lluvia, si lo comparamos con el valor promedio fue muy superior a lo normal. El total acumulado de lluvia para la presente campaña fue de 780 milímetros, valor que representa un 4% más con respecto al valor promedio para toda la campaña y un 26% más con respecto a lo acumulado en la campaña anterior.
A pesar de que estos valores hacen que la presente se considere una campaña normal en cuanto a las precipitaciones, lo que la diferencia es la distribución de las lluvias: destacándose un enero extremadamente inferior a lo normal y un bimestre (febrero y marzo) muy superior a lo normal.
Pero esas lluvias, fueron poco dañinas para los cultivares de ciclos largos sembrados en diciembre ya que los rendimientos promedio oscilan los 3.400 kilos por hectárea.
En las localidades del sur de la provincia la situación es más compleja ya que como en diciembre no hubo precipitaciones significativas, el mayor porcentaje de superficie se sembró en enero, con cultivares de ciclos largos y cuya trilla se atrasó varios días, debido a las malas condiciones de los campos, muchos anegados, con ausencia total de piso para la entrada de las maquinarias.
Este año en Tucumán se trabajó con 35 variedades, de las cuales 20 son materiales de grupos cortos y 15 de grupos largos, más los testigos. Fueron sembradas desde el 8 de diciembre y se pueden observar muy buenos resultados en cuanto a la perfomance de crecimiento y desarrollo del material en general.
La superficie sembrada con soja alcanzó esta campaña las 203.430 hectáreas. Con respecto a la campaña pasada, en el caso de la soja hubo un leve incremento de la superficie, un 2%, que equivalen a unas 3.000 hectáreas más. Entre los principales departamentos implantados con soja en la provincia, se encuentran Burruyacú, Cruz Alta y Leales. Sin embargo, hubo una disminución en la superficie con soja en el principal departamento, Burruyacú, de alrededor de 2.000 hectárea, al igual que en el departamento Graneros, de aproximadamente 4.000 hectárea.
En Simoca y Alberdi hubo 1.500 hectáreas más de soja en cada caso y en Chicligasta 1.000 más, y en el resto los incrementos estuvieron en el orden de las 200 a 900 hectáreas.
En cuanto a las enfermedades, en Tucumán se realizó un manejo preventivo de las mismas bastante eficiente y se dieron al finalizar del ciclo las tradicionales EFC (enfermedades de fin de ciclo) por la gran cantidad de días lluviosos y nublados que se dieron y que activaron la presencia de hongos.
Justamente, desde la de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires alertaron sobre la aparición de una enfermedad de Fin de ciclo en la soja, con nuevos síntomas por lo que recomendaron ir más allá de observar el lote y evaluar muestras foliares en el laboratorio.
Los especialistas sostienen que por la falta de variedades resistentes y por el monocultivo en las distintas regiones sojeras, aumentó el uso de fungicidas y la aparición en consecuencia de posibles resistencias de parte del hongo.
En tal sentido, se advirtió que en la presente campaña de soja aumentó la intensidad de algunas patologías y se observaron síntomas en los cultivos que generalmente se relacionan con la Mancha Marrón, causado por Septoria glycines, pero que al analizarlos en el laboratorio resultaron ser generadas por Cercospora spp.
Ambas enfermedades son foliares de fin de ciclo que en años húmedos, como el presente, pueden provocar pérdidas de hasta 30% en el cultivo. “Es un problema grave que viene creciendo año a año”, indicó al respecto Marcelo Carmona, profesor titular de la cátedra de Fitopatología de la FAUBA quien realizó el trabajo en cuestión.
Asimismo, afirmó que el diagnóstico errado de los agentes causales podría incidir no sólo en los rendimientos sino también en los estudios de eficiencia de control de fungicidas y en los programas de mejoramiento de genotipos para cada enfermedad.
“Estos programas de investigación son de gran importancia porque en la Argentina, como en el resto del mundo, no existen variedades de soja resistentes a este tipo de enfermedades. Por eso aumentan las aplicaciones de fungicidas y crece la posibilidad de que surjan resistencias a los principios activos más utilizados”, sostuvo Carmona.
Y agregó: “En las últimas campañas agrícolas vimos que la intensidad del Tizón Morado, causado por Cercospora spp., se incrementó y continuó siendo extremadamente alta incluso después de la aplicación de fungicidas. Creemos que las poblaciones naturales de este hongo podrían estar perdiendo progresivamente sensibilidad y haciéndose resistentes a los fungicidas”.
Durante el actual ciclo productivo, el fitopatólogo de la mencionada facultad, realizó un relevamiento de enfermedades sobre cultivos de soja y le llamó la atención la cantidad de hojas manchadas, con lesiones aisladas, con y sin halo clorótico, muy similares a las causadas por Mancha Marrón, especialmente en el tercio superior del canopeo. “Ninguna de ellas presentaba síntomas de encrespamiento rugoso, morado y purpura, que caracteriza a Cercospora. Cuando incubamos las muestras en el laboratorio observamos que esa sintomatología, que es muy similar a la Mancha Marrón causada por S. glycines, en realidad había sido causada por Cercospora spp”.
Uno de los desafíos que presentan las enfermedades causadas por Cercospora spp. es que si bien infectan al cultivo de manera temprana, recién manifiesta sus síntomas en estadíos avanzados, durante el llenado de granos.
En concreto, la planta puede no mostrar síntomas durante 90 o más días después de ser infectada, por eso es necesario ajustar las prácticas agronómicas. Pero los investigadores sostienen que para tomar decisiones correctas, no basta con observar el lote.
“Muchos técnicos y asesores podrían estar evaluando síntomas de Tizón Morado causado por Cercospora como si fueran síntomas de la Mancha Marrón, ya sea en ensayos de evaluación de genotipos o de fungicidas. Pero las enfermedades de fin de ciclo no se pueden diagnosticar con precisión a campo, solamente de manera visual. Para identificar la enfermedad con certeza es necesario incubar el material en el laboratorio. Así se podría seleccionar un genotipo adecuado o decidir qué fungicida utilizar para controlar la enfermedad y determinar si hay resistencia a fungicidas”, señaló Carmona.
Los investigadores sostienen que Cercospora estaría generando nuevos síntomas y que también podrían existir diferentes especies implicadas, que en la actualidad no son conocidas.
Al mismo tiempo están determinando qué especies de este hongo afectan al cultivo en cada región productiva del país: “Sabemos que hay varias especies involucradas, tales como Cercospora kikuchii, C. cf. flagellaris, C. cf. sigesbeckiae. Nuestro objetivo es determinar si los distintos síntomas están causados por diferentes especies o razas de la misma especie”.
A medida que pasaron los años desde la introducción y difusión de la soja en el NOA, las enfermedades que afectaban al cultivo adquirieron gradual importancia y en la década de 1990 comenzaron a manifestarse problemas serios atribuidos a patologías del cultivo. La difusión de cultivares susceptibles, la falta de rotación de cultivos y la adopción generalizada de sistemas de labranza conservacionista contribuyeron al aumento de inoculo en los lotes, con el consiguiente incremento en los niveles de infección de las diferentes enfermedades.
En la segunda mitad de la década de 1990 empezó a dimensionarse la magnitud de las pérdidas que causaban las denominadas "enfermedades de fin de ciclo" que se manifiestan en tallos, hojas, vainas y semillas durante los estados reproductivos intermedios y avanzados de la soja que provocan un anticipo en la maduración de las plantas y disminuciones en el rendimiento y la calidad de la semilla producida.
Los perjuicios causados por las EFC muchas veces pasan desapercibidos, ya que se presentan en forma uniforme dentro de los lotes; además, su ocurrencia más intensa tiende a coincidir con años de buenos rendimientos.

Revista PRODUCCION: soja: una campaña pasada por agua, pero con viento a favor
 
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Por Fabián Seidán

Portada de la Edición correspondiente a esta nota Esta nota fue publicada en las páginas Nº 24, 25 y 26 de la edición en papel de la revista de Mayo (2017) / Junio 2017.
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