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Jul (2015)/Ago 2015


Investigación

ploper y el desafío de la fitopatología y la productividad

El investigador, Director Técnico de la EEAOC fue incorporado por la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria en mérito a sus aportes en el campo de la fitopatología.

La Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria Argentina, entidad que agrupa a prestigiosos estudiosos, investigadores, extensionistas, políticos, diplomáticos, educadores, funcionarios, y otras variadas formas de servir a la humanidad a través del protagonismo en las ciencias agronómicas y veterinarias, sumó a su staff a Daniel Ploper, director técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán (EEAOC). Lo hizo como Académico Correspondiente por su desempeño en la docencia y en la "práctica de la fitopatología, aplicada en gran escala".
El ingreso de Ploper se oficializó el pasado mes en un acto que tuvo lugar en el Centro Cultural Virla de la Universidad Nacional de Tucumán, y contó con la presencia de autoridades de la Casa de Altos Estudios, del Gobierno provincial, de la Estación Experimental, del INTA y de referentes de distintos sectores Rurales de la provincia.
En la oportunidad, Ploper dijo sentirse honrado por su designación, aclaró que no lo toma como una coronación. "Si bien significa haber alcanzado un determinado nivel, de ningún modo considero que se alcanzó un tope. Como miembro de la Academia y profesionalmente activo, hay todavía mucho por hacer".
El reconocimiento al investigador tucumano se asienta en una sólida base de trabajos realizados y aportes alcanzados en pos de lograr soluciones más sustentables y más limpias para los problemas fitosanitarios de la producción agroalimentaria.
Como buen fitopatólogo, Ploper aclaró que en la Academia tendrá una tarea específicamente intelectual buscando proveer al bien común, contribuyendo a la gestión de la innovación, al desarrollo, a la adopción de nuevas prácticas de campo y de laboratorio hoy disponibles o posibles, destinadas a la búsqueda o a la aplicación de soluciones más sustentables y más limpias para los problemas fitosanitarios.
Y sobre la fitopatologia, la ciencia que lo llevó a dicho reconocimiento, destacó la importancia de la misma ya que existen muchos antecedentes, a nivel mundial, sobre impactos negativos cuando cayeron los rendimientos de los cultivos ya que, en muchos casos, se generan consecuencias sociales desoladoras, cambios culturales, emigración, hambre e incluso mortandad.
La fitopatología es la disciplina de la ciencia agraria que estudia las enfermedades de las plantas en todos sus aspectos: etiológico, qué la produce; fisiopatológico, qué ocurre en ese organismo alterado; sintomatológico, cómo se manifiestan las enfermedades; y da el diagnóstico, cómo se lo identifica. Y cuenta con dos aspectos claves: el epidemiológico, que es cómo se contagia o expande la enfermedad, y el control de su manejo y eventual erradicación.
"La fitopatología es fácilmente comparable con la medicina tradicional o la veterinaria. La fitopatología conecta con el estado puro con el descubrimiento de lo que ocurre con la vida y las enfermedades de los vegetales. Conecta con la realidad inmediata, la relación que hay entre el paciente y la circunstancia", indicó.
Agregó que las tres disciplinas (medicina, veterinaria y fitopatología) son comparables entré sí, porque las tres se han desarrollado con el objeto de curar, sin embargo existe una diferencia sustancial. Vista como un fenómeno biológico, la enfermedad, especialmente en los vegetales, tiene una connotación amplia, dado que engloba las alteraciones fisiológicas ocasionadas por agentes infecciosos bióticos, o sea vivos, como hongos, bacterias, virus y mollicutes que son microorganismos; como así también agentes abióticos, que tienen que ver con las condiciones desfavorables del ambiente, humedad, sequía, malas condiciones del suelo, deficiencias de nutrientes, etc.
En el caso de las plantas, sostuvo que la situación -y no sólo las circunstancias en donde se desarrollan-, es determinante para que aparezca una enfermedad. Las plantas, contrariamente de lo que ocurre con los humanos y con los animales, están "condenadas" a las condiciones ambientales donde les ha tocado desarrollarse.
Entonces ahí, la fitopatología tiene que prestar mucha atención, al contexto ecológico en el que ésta habita con sus eventuales enfermedades.
Explicó que a todo eso hay que sumar otra situación que hace todo más difícil: y es que los vegetales y los agentes bióticos que pueden afectarlos, poseen actitudes "adaptativas" muchos más veloces que las de los mamíferos. Eso nos advierte acerca de lo provisoria que pueden resultar las soluciones rápidas para las enfermedades que enfrentamos, pero al mismo tempo nos dice que si logramos comprenderlas bien, la relación entre el patógeno y la especie vegetal afectada, en un contexto determinado, esa misma actitud adaptativa de la especie, puede utilizarse también a favor, para encontrar la variante genética que mejor antagonice o contrarreste los efectos patogénicos que la maltrata y de la manera más natural posible.
Para Ploper, el desafío de la fitopatología entonces, desde su experiencia como actor, teniendo en cuenta lo que se hizo en nuestra región en estas últimas cuatro décadas, es tratar de que los cultivos regionales puedan desarrollarse de la mejor manera logrando rendimientos superiores y de calidad. Y desde la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres hemos trabajado denodadamente en cuatro cultivos que tienen un sesgo importante hoy para la economía de Tucumán y la región: poroto, caña de azúcar, limonero y soja. En esta historia estuve involucrado directa e indirectamente -sin desconocer, claro está, los aportes de otros técnicos-, trabajando con la EEAOC, la institución en la que he estado desde mis comienzos tras los estudios de postgrado, algo que puedo decir con orgullo, ya que es una institución de investigación y transferencia que hizo fundamentales aportes para el desarrollo agroalimentario de la provincia y el país.
En ese sentido, los primeros pasos de Ploper en la Experimental, tuvieron que ver con el tema del poroto, un cultivo regional que en los años 70, estaba muy afectado por las enfermedades en la provincia y en toda la región.
"Podríamos decir que ésta fue mi experiencia bautismal, el cultivo del poroto ha sido una actividad tradicional en el Noroeste argentino desde el comienzo del siglo XX. A partir de los años 70, se había convertido en un cultivo extensivo de gran importancia económica en la región, cuyo destino final fue siempre la exportación. Actualmente Argentina es el principal exportador del poroto Alubia y el quinto de poroto de colores en general: negro, rojo y no tradicionales. El 95 por ciento de la producción "porotera" argentina proviene de la región NOA, donde se siembran anualmente entre 280 y 440 mil hectáreas", apuntó el ingeniero agrónomo en su disertación.
Aclaró que con el incremento del área sembrada en la región, se volvieron evidentes ciertos problemas de producción, en especial los relacionados a enfermedades fitosanitarias.
“En el año 1970 comenzó con el achaparramiento del cultivo. Ese fue mi primer contacto con el problema fitosanitario. Esta afección que consistía en detener el crecimiento hasta volverla totalmente improductiva, afectó principalmente a la variedad selección Cerrito Alubia la variedad más conocida y extendida en la zona. Las pérdidas totales que se repitieron en los años subsiguientes, se sintieron con mayor intensidad en las nuevas áreas de expansión que se caracterizaban por ser más calientes y secas".
Las causas del achaparramiento fueron finalmente develadas recién en 1981, cuando se constató que se trataba de un gene-virus que lo transmitía la mosca blanca, un insecto que se expandió con el avance de la producción sojera en la región. El síntoma de enanismo iba acompañado con el moteado en el poroto de grano negro.
La presencia de este virus estuvo estrechamente relacionada a la mayor población de la mosca blanca que se desarrollaba en la zona por su preferencia con la soja que por esos días también avanzaba en el NOA, y a las condiciones de sequía que se presentaba en esa época. Estas relaciones entre el vector y el patógeno, el ámbito de la epidemiología de la enfermedad, es lo que hace importante la interrelación entre la fitopatología y la entomología, también encarado desde la acción.
En los años 80 también se desarrolló otro virus, el del mosaico colorado del poroto, también trasmitido por la mosca blanca, que tocó incluso a otras variedades que habían mostrado resistencia al virus del enanismo o achaparramiento.
"Esta enfermedad provocó la extinción del poroto alubia en zonas tradicionales y su posterior concentración en el departamento de San Martín, en la provincia de Salta, donde las condiciones productivas le resultan favorables hasta la actualidad", indicó.
La extrema situación fitosanitaria que afectaba al cultivo de poroto en los años 80, exigía de los técnicos de la Estación Experimental una reacción mayor, aún cuando sabíamos que las mejores producciones demorasen en aparecer.
"A principio de ese año, la EEAOC encaró un plan vinculado al Programa del Poroto en el Centro Internacional de la Agricultura Tropical en Cali, Colombia. En ese centro de investigación fue donde se recibieron los primeros materiales de granos negros resistentes al achaparramiento para su evaluación y como resultado de los estudios realizados se pudieron identificar variedades de poroto negro que mostraban particular resistencia al virus y que luego de ser inscriptas, entre 1982 y 1983 por la Estación Experimental fueron liberados en la región para su cultivo. Se trataba de materiales de excelente calidad que rápidamente fueron adoptados por los productores de la región que, además de ser resistentes al virus del enanismo, mostraban resistencia al desgrane del poroto, lo que permitía a los productores avanzar con el sistema de cosecha mecanizado. Y en el caso de una de esas variedades, obtener mayor viscosidad, es decir lograr un poroto de ciclo más corto".
"Se puede concluir que en la emergencia no se puede ni se deben encarar resultados buenos con los brazos caídos, es así que hasta poder contar con esas variedades resistentes, el control químico de la mosca blanca fue la única estrategia disponible para diminuir el impacto de esa virosis. Incluso, con la disponibilidad de variedades de mejor comportamiento frente al virus, fue necesario continuar con la aplicación de insecticidas aunque ahora con menor frecuencia, o sea, sin tener que recurrir a pulverizaciones en los bordes de campos o desmontes vecinos, lo que genera, como todos sabemos, impacto ambiental negativo", sentenció.
Luego de estas acciones, la EEAOC consolidó un proyecto propio de mejoramiento genético del poroto que seguiría en las décadas siguientes, con la búsqueda de materiales superiores, con alto rendimiento, con calidad comercial y resistente a las enfermedades endémicas, con buenas características agronómicas y aptas para exportación, proponiendo a la vez la diversificación de los tipos de porotos. De esta forma, desde 1988 a la actualidad, se inscribieron once variedades de poroto blanco, negros, rojos, grande y chico; muchas de las cuales fueron ampliamente cultivadas.
"Habíamos logrado un avance importante, sin embargo, la dinámica propia de la realidad vegetal hace que al cabo de un logro parcial, tengamos que enfrentarnos a un nuevo desafío. A pesar de todo el esfuerzo realizado y el gran progreso obtenido con las nuevas variedades tolerantes a virosis, otras patologías se presentaron de forma incipiente en algunas zonas y en algunos años, con marcada virulencia, impidiendo al momento obtener el rendimiento potencial que las variedades liberadas podrían dar. Por ejemplo la bacteriosis común, la mancha angular producida por un hongo y el moho blanco, una enfermedad muy importante en el norte de Salta que en los últimos años se ha presentado con frecuencia en otras zonas, como el sur de Tucumán. La bacteriosis común producida por una bacteria afecta a la vaina y también a la semilla disminuyendo rendimientos y calidad comercial. Es una enfermedad que se encuentra prácticamente en todas las zonas poroteras del NOA. Las condiciones que la generan son altas temperaturas y elevada humedad relativa".
En los últimos años, la EEAOC intensificó sus acciones procurando incorporar genes de resistencia a genotipos adaptados a la región y con buenas características agronómicas. "Contamos ya con líneas avanzadas que poseen altos niveles de resistencia genética a la enfermedad. Del mismo modo, se trabajó para contrarrestar los efectos de la mancha angular. En el año 2010 se liberó una nueva variedad de poroto con altos niveles de resistencia a esta enfermedad; sin embargo, se tuvo que recurrir nuevamente a fungicidas, que se evaluaron tanto para mancha como para otras enfermedades, como la mustia hilachosa y el moho blanco, que se presentan con mayor intensidad en el sur y norte de la provincia de Salta, principalmente".
Para este último caso y en obediencia a los factores agro-ecológicos que inciden en la característica de la enfermedad, Ploper señaló que encontraron, mediante ensayos en gran escala, que podían controlar con fungicidas solo si éstos eran aplicados oportunamente. "En la actualidad se está investigando el uso de hongos antagonistas nativos para el control biológico de estas enfermedades, procurando -de este modo- encontrar alternativas más sostenibles al uso de compuestos químicos de siempre".
"El trabajo de los fitopatólogos transcurre enfocado en el problema sanitario que puede afectar a los cultivos de importancia alimentaria. La fitopatología ocupa provisoriamente el centro de la escena pero para ser más eficiente debe interactuar con otras disciplinas o áreas de la ciencia aplicada en la agronomía como ser la genética y la práctica conjunta del mejoramiento genético agronómico. Sólo así se podrán alcanzar soluciones efectivas, pero más sustentables", concluyó.

Revista PRODUCCION: ploper y el desafío de la fitopatología y la productividad
 
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Por Fabián Seidán

Portada de la Edición correspondiente a esta nota Esta nota fue publicada en las páginas Nº 24, 25, 26 y 27 de la edición en papel de la revista de Julio (2015) / Agosto 2015.
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